Carta cuaresmal de nuestro Consiliario, D Manuel Cuadrado Martín

PASAR DEL CONFORMISMO A LA NOVEDAD DE JESUCRISTO
Continuamos en nuestra andadura cuaresmal que, como cada año, nos llevará a la celebración de la Pascua del Señor: su pasión, muerte y resurrección. Con la imposición de la ceniza fuimos convocados con un objetivo claro: pasar del conformismo a la novedad de Jesús. Un arco iris de nueva vida.

Quisiera acercarme a vosotros, si me lo permitís, hermanos/as de la Real Cofradía del Stmo. Cristo del Amor y Ntra. Sra. del Primer Dolor, para juntos meditar y reflexionar sobre cómo vivir con profundidad nuestra fe cristiana, que ha de ser la verdadera identidad de cada uno de los miembros de nuestra Hermandad. Y al acercarme, poder alentaros, poder animaros a ser lo que el Señor, el Stmo Cristo del Amor, espera que seamos: testigos de su amor; que podamos reflexionar juntos sobre la grandeza de la fe que profesamos y sobre la importancia del compromiso que como cristianos cofrades hemos adquirido.

Hoy somos conscientes de que no es fácil ser cristiano comprometido; no es fácil vivir con coherencia nuestra fe cristiana. Por ello hemos de pasar de un cristianismo, a veces vergonzante, a un cristianismo comprometido, testimoniante, que ilusione y así podamos manifestar la alegría, el gozo del Evangelio, como nos exhorta el Papa Francisco: «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento».

Estamos viviendo momentos difíciles. Todos somos objeto de muchas tentaciones y no siempre somos fieles. Podemos preguntarnos ¿Cuáles son nuestras tentaciones? El papa francisco nos alerta de cuáles son estas tentaciones y de cómo disminuyen nuestro fervor. Él las resume en tres: La acentuación del individualismo; la de crisis de identidad; caída del fervor.

Si somos sinceros, nos daremos cuenta que existe en nosotros una especie de complejo de inferioridad que nos lleva a relativizar o esconder nuestra identidad cristiana, nuestras convicciones más profundas; que hay una pérdida del entusiasmo misionero; y sobre todo, una pérdida de la alegría evangelizadora.

Por ello, este tiempo que estamos viviendo, debe ser un tiempo de revisión – conversión de cara a una renovación de cada uno de nosotros y de nuestra Cofradía. Porque no será posible un nuevo camino sin una verdadera conversión personal; una renovación de actitudes.

Este nuevo tiempo que hemos iniciado, con la renovación de nuestra Cofradía, requiere y pide un corazón nuevo: hacer nuestras las actitudes del Evangelio. No habrá una auténtica renovación de nuestra Hermandad si no nos acercamos al Evangelio y bebemos del agua clara de la Palabra de Dios que ilumina, interroga y confronta. No hay más fuente de renovación que el Evangelio, lo demás sería vivir de la moda. Se trata de revivir el Evangelio. Es el momento de salir de nosotros mismos para acercarnos a Jesús, al Cristo del Amor que, de nuevo nos dice: «en esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros» (Jn 13,35).

Acerquémonos a Cristo, al Stmo Cristo del Amor, porque ante esa imagen bendita no podemos pasar de largo, no podemos ser indiferente, porque Él nos atrae hacia sí: «atraeré a todos hacia mí». Acerquémonos a Él porque en Él podemos confiar nuestros sufrimientos y dificultades, con Él las incomprensiones, fatigas y dolores de la vida parece que son más llevaderas. Y con Él y unidos a Él, continuaremos nuestro caminar, y podremos recoger a los hermanos y llevarlos con nosotros, porque cada hermano es importante y Dios nos pedirá responsabilidades: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9)

El Papa Francisco, en su mensaje de Cuaresma nos dice: «La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra. Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos…. Cuánto deseo que en los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular en nuestras parroquias y comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia».

Toda una tarea y compromiso, para ello hemos de quitar nuestro conformismo, nuestras desilusiones, y pesimismos y apostar por la novedad que Cristo nos trae, todo un reto en esta nueva andadura.

Y de la mirada contemplativa del Cristo del Amor a la de la Madre, una mirada a Ntra Sra, la Virgen del Primer Dolor, que ella siga protegiéndonos con su manto de amor.


Vuestro Párroco y Consiliario
Fdo. Manuel Cuadrado Martín



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