Homilías de Don Jesús Zapata, en el Triduo al Santísimo Cristo del Amor


TRIDUO AL CRISTO DEL AMOR
Día 1º: «Miremos al Crucificado con ojos de fe»


1. Jesús pregunta a los discípulos quién dice la gente que es él. Ellos dicen que lo consideran alguien importante, pero no saben quién es en realidad: unos dicen que Juan Bautista; otros, que Elías o cualquier otro profeta. Después les pregunta por su opinión: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” Pedro, siempre tan impetuoso, le responde: “Tú eres el Mesías. “ También a mí me preguntas, Señor,  quién eres para mí. Desde niño me han dicho que tú eres el Mesías, nuestro Salvador. Y ésta es la respuesta que me brota espontáneamente. Pero hoy me pregunto si, en verdad, lo eres para mí. Y he de confesar, Señor, -con rubor y dolor-  que a veces he creído y confiado más en otros “salvadores”, en otros “mesías”, que en ti. Bien lo sabes tú, Señor. Perdóname.
2. Pedro con gran firmeza ha contestado que Jesús es el Mesías. Pero, cuando le oye decir que ha de padecer mucho, ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas,  morir y resucitar al tercer día, no lo puede soportar y pretende apartarte del camino que te lleva a ello: “Eso no puede sucederte a ti”. Para Pedro –contagiado de la mentalidad de su tiempo- el camino del Mesías debe ser de gloria, de poder y triunfos. Es también nuestra tentación muchas veces: enmendarle la plana a Dios. Intentar que se acomode a nuestra mentalidad o intereses, y ser cristiano, vivir el evangelio, pero sin exagerar, suavizándolo, limándole las aristas que hieren… A Pedro, Señor, lo apartas diciéndole: « ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» ¿No me puedes decir a mí lo mismo, Señor? ¡Cuánto me cuesta asumir la mentalidad de Dios, y con qué facilidad me contagio de la mentalidad del mundo!  Señor, ayúdame a  doblar la cerviz ante tu voluntad y someterme a tu  lógica… Es la única que lleva entrar en el  Reino mesiánico, a la Resurrección.
3. Finalmente, Jesús muestra a los discípulos y a la gente el camino para irse contigo: cargar cada uno con su cruz y seguirte. Es el camino que vas a recorrer él. Jesús alcanza la gloria mesiánica a través de su pasión y muerte. Pierde la vida para ganarla. Y sus discípulos, los que queremos seguirle y estar él, ¿cómo podremos recorrer otro camino? Es camino difícil, que repugna a nuestro egoísmo y orgullo y a nuestra tendencia a la vida cómoda y sin complicaciones. Pero tú, Señor, que nos lo mandas, nos ayudarás a recorrerlo.  
Por eso, Cristo del Amor, en este primer día del Triduo te pido que me dejes mirarte con ojos de fe para saber comprender lo que me pides en cada momento de mi vida. A veces sé que lo que me pides no lo puedo soportar, y sé que me ayudas. Queremos mirarte con ojos de fe, para comprender el dolor que sufriste al ser clavado en la Cruz por mis pecados y los del mundo entero. Queremos mirarte con ojos de fe, sobre todo los jóvenes que te portan, que te llevan, que te acompañan, cada vez que te sacan a la calle, ayúdales a mirarte con ojos de fe para que se aparten del camino equivocado y vuelvan al verdadero camino que eres Tú, Cristo del Amor. Haznos  experimentar tu amor. Entonces sí que nos iremos contigo, aunque me asuste el camino, aunque tenga dudas, aunque tropiece y me caiga, porque sé que vas a estar para ayudarme a levantarme y me vas a decir, ánimo tú mirada de fe me ha enganchado.





TRIDUO AL CRISTO DEL AMOR
Día 2º: «Hablemos al Crucificado con palabras de esperanza»


1. Ante la pregunta de Jesús a los discípulos quién dice la gente que es él, Pedro responde con gran firmeza que Jesús es el Mesías. Es la mejor palabra de esperanza. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande…”. La Luz de la Esperanza cristiana para todo el que busca hacer la voluntad de Dios. Pero, esa palabra de esperanza se puede ver trucada cuando oye decir a Jesús que ha de padecer mucho, ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas,  morir y resucitar al tercer día, y eso, no lo puede soportar y pretende apartarte del camino que te lleva a ello. Para Pedro –contagiado de la mentalidad de su tiempo- el camino del Mesías debe ser de gloria, de poder y triunfos. Es también nuestra tentación muchas veces: intentar que acomodar a Dios a nuestra mentalidad o intereses, y ser cristiano, vivir el evangelio, pero sin exagerar, suavizándolo, limándole las aristas que hieren… Y Pedro recibe unas palabras que podíamos recibir también nosotros de parte de Jesucristo: ¡Apártate de mí, ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
2. Y es que para seguir a Cristo debemos tomar el camino que Él mismo nos indica: cargar cada uno con su cruz y seguirle. Es el camino que va a recorrer Él. Jesús alcanza la gloria mesiánica a través de su pasión y muerte. Pierde la vida para ganarla. Y sus discípulos, los que queremos seguirle y estar él, ¿cómo podremos recorrer otro camino? Es camino difícil, que repugna a nuestro egoísmo y orgullo y a nuestra tendencia a la vida cómoda y sin complicaciones. Pero tenemos la esperanza de que el Señor nos ayudará a recorrerlo.  
3. Por eso, Cristo del Amor, en este segundo día del Triduo te pido que nos dejes hablarte con palabras de esperanza para decirte y presentarte todas nuestras inquietudes y anhelos. Necesitamos hablarte con palabras de esperanza cuando te pedimos por nuestros niños, ellos son el futuro de la iglesia y de nuestra sociedad, la esperanza de un mañana que queremos sea felicidad para ello. Cristo del Amor, necesitamos hablarte con palabras de esperanza cuando pedimos por nuestro jóvenes que sean capaces de seguirte como tú te mereces, que les ayudes en sus problemas en los estudios, en el trabajo, en las relaciones con los demás. Cristo del Amor, necesitamos hablarte con palabras de esperanza cuando te presentamos a nuestras familias, algunas pasan por momentos de dificultad.
Cristo del Amor, necesitamos hablarte con palabras de esperanza cuando te presentamos a los enfermos y a los que sufren, a los pobres y marginados, a los que viven solo o han sido abandonados, a los maltratado o exiliados de sus tierras como tenemos actualmente al pueblo sirio. Cristo del Amor, necesitamos hablarte con palabras de esperanza como comunidad parroquial que unidos a nuestro párroco queremos formar una gran familia donde reine el Amor y la Paz, forjando lazos de unión para alcanzar la meta de nuestras salvación. Cristo del Amor, déjanos en este día y siempre hablarte con palabras de esperanza porque sabemos que después de la Cruz viene la Resurrección, y en este momento de la historia que nos ha tocado vivir, necesitamos más que nunca, mirarte con ojos de fe y hablarte con palabras de esperanza. Haznos  experimentar tu amor para poder seguirte, irnos contigo, aunque me asuste el camino, aunque tenga dudas, aunque tropiece y me caiga, porque sé que vas a estar para ayudarme a levantarme y me vas a decir, una vez más, ánimo tú mirada de fe y tus palabras de esperanza me ha enganchado a Ti.

TRIDUO AL CRISTO DEL AMOR
Día 3º: «Abracemos al Crucificado con corazón de amor»


1.      A Nicodemo le dice Jesús, que él, el Hijo del Hombre, el Mesías de Dios, “el que bajó del cielo”, el único, pues,  que puede traer la salvación, tiene que ser elevado,  “para que todo el que cree en él tenga vida eterna.” Para eso ha venido: para salvarnos, para que lleguemos a ser hijos de Dios. Ello le costará recorrer un camino de dolor hasta la cruz, en la que morirá, consumando así su entrega. Y porque se entregó hasta la muerte en cruz,  Dios lo exaltó. San Juan Pablo II nos animaba a los cristianos: «No tengáis miedo a la Cruz de Cristo. La Cruz es el árbol de la vida. Es la fuente de toda alegría y de toda paz. Fue el único modo por el que Jesús alcanzó la resurrección y el triunfo. Es el único modo por el que nosotros participamos en su vida, ahora y para siempre».  Señor, Cristo del Amor, qué infinito amor, el tuyo! ¡Qué infinita generosidad! Dar la vida para  abrirnos las puertas de la casa del Padre. Que en los momentos de desaliento, te mire en la cruz… Porque, ¡qué soportable se hace todo, cuando mirando la cruz, pienso por qué está levantada en medio del mundo, y tú clavado en ella!
2.  Escribe José Antonio Pagola: “Cuando un creyente mira al Crucificado y penetra con los ojos de la fe en el misterio que se encierra en la Cruz, sólo descubre amor inmenso, ternura insondable de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo. Lo dice el evangelio de Juan de manera admirable: ´Tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo para que todo el crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna´. La Cruz nos revela el amor increíble de Dios. Ya nada ni nadie nos podrán separar de él.” Así de inmenso ha sido el amor de Dios a los hombres. Así de valiosos somos para Dios. ¡Qué consoladora revelación la de san Juan: Dios nos ama a cada uno de nosotros, y, porque nos ama, nos salva! Al escuchar esto, ¿no se rompen todas nuestras imágenes de un Dios juez severo que observa minuciosamente nuestros pecados para condenarnos? El Dios que se nos ha revelado en Jesús no es el Dios del temor, sino el Dios del amor; no es el Dios que ha venido a condenar, sino a salvar: “Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.


3.      ¡La cruz, la que tanto nos asusta, la que Jesús abrazó amorosamente y por la que nos vino la salvación! Y no porque Jesús amara el sufrimiento por el sufrimiento, sino porque era la manera de romper todos los sufrimientos del hombre. A la cruz le llevó su estilo de vida, una vida de amor, de entrega y acogimiento de todos –buenos y pecadores-, tan contrario al de los jefes religiosos judíos, a los que tanto les molestaba. El dijo: “El que quiera seguirme que cargue con su cruz cada día y se venga conmigo.” Y cargar con la  cruz es vivir como él, abrazado a la voluntad de Dios, y amando y entregándose a todos sin reserva,  y acogiendo y perdonando y haciendo el bien incluso a los enemigos. ¿Cargo cada día con la cruz del seguimiento de Cristo? ¿Acepto las renuncias y sacrificios que conlleva vivir cristianamente, o rehúyo todo lo que me cuesta?

4. Por eso, Cristo del Amor, en este tercer y último día del Triduo necesito abrazarte con corazón de amor. Muchas veces sufrimos, porque nuestra vida, que es como un puzle, la queremos encajar con nuestro criterios, pero tenemos que dejarte a Ti, Cristo del Amor, que seas Tú quien encaje las piezas de mi vida. Queremos abrazarte porque Tú abrazaste la Cruz en Getsemaní, y encontraste la paz en ese momento, déjanos abrazarte para experimentar esa paz, ante un problema, una enfermedad, o la muerte de un ser querido. Cristo del Amor. Gracias, infinitamente gracias, por habernos dejado en este Triduo, mírate con ojos de fe, hablarte con palabras de esperanza y abrazarte con corazón de Amor.


(Nota: Desde la Hermandad del Amor queremos agradecer al Padre D. Jesús Zapata Rueda su buena disposición, sus ganas de evangelizar y su trabajo y le pedimos al Santísimo Cristo del Amor y a Nuestra Señora del Primer Dolor que velen por él, le guíen y le protejan a lo largo de su vida sacerdotal)

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