Carta Cuaresmas de nuestro Consiliario

Un año más quisiera acercarme a vosotros hermanos/as de la Real Cofradía del Stmo. Cristo del Amor y Ntra. Sra. del Primer Dolor, para juntos meditar y reflexionar sobre cómo vivir con profundidad este tiempo de Cuaresma, tan especial para nuestra diócesis de Almería, con motivo de la gran beatificación del próximo 25 de marzo. La viviremos dejando la mediocridad de nuestra vida de fe.

Recorriendo las homilías y mensajes del Papa Francisco nos damos cuenta de que una de sus preocupaciones es la de que seamos cristianos que nos conformamos con la mediocridad.
El 5 de mayo de 2013 en su homilía en la Plaza de S. Pedro se dirigía a las Hermandades diciéndoos: «no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo».

En el Mensaje de Cuaresma de este año nos vuelve a insistir: «el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor».

La amistad se basa en el conocimiento. Es volvernos hacia Cristo, al Stmo Cristo del Amor, contemplarlo y dejar que Él nos vaya moldeando interiormente para hacer de cada uno de nosotros hombres y mujeres nuevas, cofrades y hermanos que saben amarse y perdonarse.

Conocer al Cristo del Amor, buscar su amistad es conocer su testamento. El Stmo Cristo del Amor quiere hablarnos al corazón de cada uno de nosotros para volver a repetir: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros». (Jn. 13,34)

No nos engañemos: si no amamos a nuestros hermanos a quien vemos, ¿cómo vamos a decir que amamos a Dios, a quien no vemos? Por eso es tan importante la relación con los hermanos viendo en ellos su vinculación con Cristo. Lo que hagáis a uno de ellos a mí me lo hacéis.

Permitidme que os haga una invitación: Mirad el rostro de Cristo, ese rostro sufriente, que es la imagen viva de Dios y de su amor para con el hombre, porque Cristo es el Hijo de Dios que ha querido compartir nuestra misma vida, con sus gozos y tristezas, con sus alegrías y esperanzas… Contemplad su pasión, uníos a su muerte, para gozar de su resurrección. Necesitamos poner delante de nuestros ojos a Aquel que con sus heridas nos ha curado. Cada una de las llagas del Señor responde a un gesto supremo de solidaridad, de amor, como réplica a todas nuestras prepotencias, vanidades, incredulidades, evasiones, mediocridades, huidas.

El lema de este año en nuestra parroquia es: Cuaresma tiempo de preguntas. El papa Francisco ayuda hacernos esas preguntas: « ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar?»

En Cristo, muerto y crucificado encontramos la prueba más profunda de cómo tiene que ser el amor cristiano: Amor y perdón. Hay muchas heridas pero solo el amor cura en profundidad.

Testimonio de ese amor y ese perdón son nuestros 115 mártires que serán beatificados el día 25. Amor que lleva a dar la vida por Cristo. Los mártires de todos los tiempos, y también los del siglo XX, muestran la vitalidad de la Iglesia y constituyen la encarnación del Evangelio de la esperanza. Son para la Iglesia de Almería y para la Iglesia universal, para la humanidad entera una luz, la luz de Cristo, que disipa las tinieblas de nuestro mundo.

El mártir es un referente en medio de una cultura de relativismo y pensamiento débil. En esta cultura de la debilidad y de la dispersión que nos ha tocado vivir, la figura del mártir resulta extraordinariamente sorprendente, porque da testimonio de unas convicciones tan profundamente arraigadas  en su corazón, que es capaz de dar su vida perdonando a sus enemigos. Los mártires nos enseñan a vivir la vida de cada día que no se apoya en valores efímeros, sino en los valores sólidos que perduran: el amor de Dios por encima de todas las cosas, la fortaleza de la fe, la firmeza del amor a los demás y la seguridad de la esperanza en la vida eterna.

Ellos nos ayudan a descubrir el gran valor del testimonio dado a Cristo al donar por entero la vida. Es un don que puede ser pedido a algunos en un instante, pero que se nos pide a todos, día tras día, hora tras hora. Como decía s. Ambrosio, refiriéndose a su tiempo, cuando ya las persecuciones exteriores habían acabado: «¡Cuántos hoy son mártires en secreto y dan testimonio al Señor Jesús!».

Que nuestra Madre, la Virgen, Ntra Sra, la Virgen del Primer Dolor, que ella siga protegiéndonos con su manto de amor.

Vuestro Párroco y Consiliario
Manuel Cuadrado Martín

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